| De uno a otro paisaje |
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La cumbre de Los Treserols -el Monte Perdido- coronando toda la unidad geográfica del macizo, sus recursos naturales y la historia de su ocupación humana; se ha constituido así en su entorno, apoyado en su original diversidad, un auténtico país. Dicha unidad, consolidada a través de las edades, limitada por el espacio geológico, agrega a lo indicado, la caIidad de sus atractivos estéticos singulares y recursos naturales, los que -ya tan sólo por sus propios valores-, merecen una inscripción en la lista del Patrimonio Mundial de UNESCO. |
En la contemplación de nuestro paisaje cotidiano,. la costumbre (producto de la pereza), corroe en muchos de nosotros la sensibilidad compañera de la sorpresa, privándonos así de la emoción, del placer propiamente dicho, aportado por los encantos o la grandeza de nuestro entorno. En la montaña, nuestras miradas padecen menos de ese cansancio, a causa de las variaciones estacionales y el sucesivo desencadenamiento de sus efectos, dibujando y pintando una serie cambiante a ritmo siquiera de las estaciones.
No es de extrañar así el singular apego de la población de montaña a su país; apego que se apoya en el sucesivo cambio aportado por el transcurso de los días. Alrededor de su Monte Perdido, el autóctono montano, ora visitando a sus primos, ora a sus vecinos, descubre una densa variedad de paisajes, cuyo contraste subraya e intensifica la magnificencia de cada uno. Sin duda, en Gavarnie, Ordesa, Estaubé, Añisclo, Troumouse y Pineta, la naturaleza es suntuosa en dicha diversidad. |